Tostao

Común Europeo
Diciembre/1997 - Diciembre/2011
En el recuerdo

También queremos hacer mención aquí de otro miembro de nuestra familia que por desgracia ya nos ha dejado.
Tostao llegó a nuestro hogar con ya 11 años felinos, 60 humanos.
En mayo de 2009 buscábamos de nuevo por internet un compañero para Amperio, y encontramos al Abuelo de la familia. Carmen, su dueña, no podía hacerse cargo de él, por falta de tiempo, el anuncio me llamó la atención ya que decía que Tostao era un "señor gato".
Tostao nació en España, vivió por un tiempo en Costa Rica, donde seguía a su dueña hasta el trabajo todos los dias, en un criadero de mariposas, y subido a la red que tenía por tejado el criadero, esperaba a que terminase la jornada. Después de unos años regresó a España con su dueña, que al encontrar un nuevo trabajo y no tener tiempo para dedicarle tomó esa difícil decisión, por la cual Tostao llegó a nuestra casa.
Fue profesor de Deva en buena conducta, comportamiento, educación postural felina, caza y buenos hábitos al comer.
Gracias Carmen, por darnos la oportunidad de disfrutar de la compañía de este gran amigo felino.
Tostao nos dejó el 7 de diciembre de 2011 con 14 años de edad a causa de una insuficiencia renal que venía arrastrando desde hace unos años.
Te echamos de menos.
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Relato: El cielo de los gatos
Hace casi dos meses que el yayo Tostao subió al cielo de los gatos.
Hacía tiempo que el yayo estaba malito, aunque no se le notó nada hasta la última semana antes de irse.
Los humanos con los años van cambiando, la piel se les arruga, sus movimientos se vuelven más lentos… los gatos conservamos nuestra figura durante años y años, la elegancia de nuestros movimientos no cambia con el tiempo y la agilidad sigue siendo excepcional ¡podemos saltar hasta 7 veces nuestra altura! ¡a ver qué humano hace eso!
El yayo nos estuvo contando al tito Amperio y a mi cómo era el cielo de los gatos. Es un sitio donde van todos los gatos cuando se hacen muy mayores, o cuando sufren accidentes graves. Incluso hay algunos que suben tan pronto nacen. Allí hay montones de árboles para escalar y mariposas y pájaros por todos lados a los que intentar dar caza. Dice el yayo que también hay chimeneas siempre encendidas dando calor para los momentos de modorra felina. Hay tazones de comida por todos lados y los cajones de arena siempre están limpios.
¡Ese sitio tiene que ser estupendo!
Pero yo no quería que el yayo se fuese, le pedí que nos llevase con él. El tito también estaba asombrado de lo que el yayo contaba sobre ese lugar. Pero el yayo dijo que no podía llevarnos, que tenía que irse solo. Pero que no nos preocupásemos, que todos tenemos un momento de subir al cielo, y eso no se podía elegir. El momento llegaría cuando la naturaleza decidiese.
Pero… joooo, ¡no quiero que te vayas, yayito! –le decía.
Y volvía a repetirme que ya estaba llegando su momento de irse. Que no olvidásemos todo lo que nos había enseñado, y que nos estaría viendo desde el lugar donde iba. Que posiblemente notásemos muchas veces su presencia, aunque no pudiésemos verlo ni olerlo, sabríamos que estaba por allí echando un ojo.
El yayo tuvo una vida muy interesante, no todos los gatos tienen la oportunidad de viajar al otro lado del Gran Mar. Su anterior humana se lo llevó a Costa Rica, que es un sitio donde hay muchos árboles y pájaros. Allí vivía en una casa de la que podía salir cuando quisiera. Su humana se iba a trabajar todos los días a un criadero de mariposas, que es un sitio donde hay muchisisiiimas mariposas moviéndose, revoloteando… Él la seguía, aunque su humana protestaba, ya que, al llegar allí, Tostao se subía al techo del criadero, que era una red, e iba siguiendo a su humana por el criadero desde el techo. Los otros humanos se reían mucho, pero ella se ponía colorada (que es lo que hacen los humanos cuando tienen vergüenza –estos humanos….).
Dijo que fue en Costa Rica donde comenzó a cantar. Por las noches muchas veces nos despertaba a todos, a mis humanos también, cantando a voz en grito.
El yayo cada día se movía menos y un día dejó de comer. Mis humanos, preocupados, le llevaron a ver a la humana de la bata blanca, volvieron muy tristes, porque ellos tampoco querían que el yayo se fuese, yo les dejaba que me acariciasen mas, quería explicarles como era el cielo de los gatos, para que no estuviesen tan tristes.
Nosotros le dejamos tranquilo, y mis humanos también, de vez en cuando iban a ver que tal estaba y le llevaban la comida y el agua a su camita. Hasta que un día cuando fui a ver si estaba mejor, ya no estaba.
Se había ido a cazar mariposas y a subirse a los árboles del cielo de los gatos.
Desde entonces no hemos vuelto a tumbarnos en la cama del yayo. Era SU cama. No queremos ocuparla, para que, cómo dijo él, cuando venga a echarnos un ojo, tenga su sitio listo para él.
Y viene, que ya le hemos escuchado alguna vez, nos despierta alguna noche de nuevo, cantando. Ya no está malito ni le duele nada. Ahora corre y salta más que antes, salta mucho mas, más de 7 veces su altura.
Deva (The writer)